En Vivo

Etiquetas César Carignano Unión

Presente continuo

En una temporada sin pausa los balances se ven postergados. Sin embargo, César Carignano desafía la vorágine de nuestro fútbol para analizar las claves del saludable presente de Unión.

10 de julio de 2022


Los balances se hacen al final. Siempre. O casi siempre. Porque hay realidades, como la de nuestro fútbol donde ni la pelota ni los protagonistas han podido respirar, que no ofrecen un momento de pausa para analizar con calma lo ocurrido. Sin embargo, es necesario hacer el esfuerzo.

Y es necesario porque en la era de inmediatez y del sobreanálisis las sensaciones se transforman en verdades y las performances semanales en veredictos con el alto riesgo de confusión que eso implica. Porque ningún rendimiento se mide peldaño a peldaño. Porque cada juego es distinto y porque los seres humanos que son parte de ellos no funcionan cada encuentro del mismo modo. Como usted en lo suyo. Como yo en lo mío.

Pisar la redonda para mirar hacia atrás y hacia adelante. Eso es lo correcto.

Hacerlo hoy en la Avenida implica, de mínima, sonreír con alivio y orgullo. Alivio porque no hay riesgos a la vista. Orgullo por la evolución colectiva y el origen de los protagonistas.

Suele decirse que el promedio del descenso beneficia a los grandes, por ejemplo. Verdad relativa, en todo caso. El promedio beneficia a los que sostienen una línea de conducta, una proyección, una idea deportiva, a los que construyen una red de contención: a los que establecen proyectos. Desde esa óptica, aun con veintiocho clubes en Primera, la ubicación de Unión y el respaldo de sus ahorros matemáticos pensando en el futuro cercano y mediano, es una clara muestra del rumbo que ha elegido y de los pasos que ha dado.

La llegada de Azconzábal, la potenciación de mucho jóvenes en simultaneo que encontraron oportunidades que sin pandemia quizá no hubiesen sido tan masivas, su crecimiento cargado de aprendizaje de la mano del Vasco, el arribo de gente preparada para un cargo tan menospreciado en nuestro fútbol como lo es la Secretaria Técnica, la llegada de Munúa -consecuencia del serio y profesional laburo de Battión y compañía-, y los aciertos en la elección de refuerzos marcan una intención y un rumbo.

Cuando ellos están claros, los cimbronazos afectan menos porque se está mirando el horizonte a la par del paso que se está dando. Cada juego es un capítulo de una historia que se escribe y no una novela en sí misma. Vuelvo al sobreanálisis: no es fácil cargar con la opinión pública definiendo como bueno o malo a un futbolista o un entrenador por un partido satisfactorio o no, semana a semana.

A eso se lo combate con convicciones. Con ideas, claro. Pero principalmente con convicciones. Lograr que el futbolista crea es complejo. Contagiar desde el borde de campo para que los protagonistas lo hagan desde el césped hacia las tribunas más allá del resultado, también.

Munúa ha tenido la enorme capacidad de ganarse la confianza de sus futbolistas, de lograr que le crean. Ha tenido la habilidad de generar un ambiente armonioso para que todos suelten lo aprendido con el entrenador anterior sin temores, mientras continúan incorporando conceptos. Es mucho más que una foto donde se ve a Machuca abrazándolo a pocos días de que el entrenador lo haya hecho ingresar y salir en un mismo partido. El uruguayo ha logrado que los jugadores miren el presente y el futuro al mismo tiempo. O dicho de otro modo, que piensen en presente continuo.

Ahí está la identidad. No es un dibujo táctico. Es mucho más que eso. La cuantificación es la principal forma de buscar evidencia en la actualidad: si el diseño es el mismo cada encuentro, el porcentaje de posesión, la eficacia en los pases, el mapa de calor de cada jugador, por ejemplo.

Pero la identidad no pasa por ahí. Pasa por interpretar cada cotejo, por entender la forma y los momentos puntuales de cada juego, por comprender cuando ir por fuera o por dentro, por leer cuando jugar más o menos lejos del arco propio, por identificar las variables de este arte y fundamentalmente, por cómo resistir la adversidad. Ahí está la clave: saber qué hacer en la mala. Y este equipo lo sabe. Ha convivido mentalmente con dos competencias importantes en simultaneo surfeando ausencias importantes sin que se resienta el andamiaje, con lo complejo que resulta lograrlo.

Cuando las ideas son enarboladas por jugadores determinantes el riesgo de sus ausencias es altísimo. Cuando las ideas son un capital grupal, se puede funcionar más allá de nombres propios.

Así como tener identidad no significa repetir una figura posicional todo el tiempo, tener funcionamiento no implica ganar siempre, sino que implica competir en cada circunstancia del juego. Y Unión ha logrado eso.

Por eso tiene presente y tiene futuro si no deja de creer y de soñar con los pies sobre la tierra.

Unión vive hoy, en definitiva, en presente continuo.