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La dinámica de lo pensado

Un texto de César Carignano sobre el día después del retiro y la necesidad de prepararse para no desaprovechar oportunidades ni hundirse en el recuerdo

15 de julio de 2022


El fútbol suele apoderarse de palabras para emparentarlas con esta pasión hasta hacerlas parecer más propias de este deporte que de la vida misma. Actitud, es una de ellas. Aunque envuelve a muchos motores como la voluntad, las intenciones o las ganas todas se resumen en esas siete letras formando tan amplio y controversial término. Transiciones, es otra. Las hay ofensivas y las hay defensivas. Son avances y retrocesos, pasos de una instancia a otra del juego pero la modernidad verbal ha reducido todo al concepto de moda: transiciones.

Como ellas podríamos seguir citando y situándolas en sus eras de apogeo. Sin embargo, quiero partir de una expresión que desde tiempos inmemoriales es parte del juego: la dinámica.

Panzeri habló de la imprevisibilidad de este deporte usando ese vocablo. Otros tantos la asociaron al ritmo de juego. Algunos más allá, lo hicieron con las aptitudes individuales para pasar de un estado a otro dentro de un mismo juego. Pero todos la han aplicado en alguna dirección.

Hoy me parece apropiado acercarlo al lado más humano del deporte, para enlazarlo con el fútbol desde otro lugar. Para sentar a la misma mesa al futbolista con el ser humano que lo habita.

Juan Manuel Herbella dice regularmente que no es un exfutbolista sino más bien un futbolista retirado. Es una forma de dejar en claro qué más allá del alejamiento del campo de juego sigue sintiéndose futbolista. De todos modos, mientras es un jugador en los términos que menciona, también es periodista, médico y entrenador. Es, al fin de cuentas, un claro ejemplo de la dinámica del humano que habita en el futbolista.

Pero la idea de que se es futbolista para toda la vida suele ser embustera, tramposa. En ocasiones, hace pensar que por el hecho de haber sido un nombre destacado con pantalones cortos uno conserva derechos aún alejado de la escena. Error frecuente, por lo general.

Se puede sostener un entendimiento del juego por la experiencia de tantos años, pero eso no asegura expresarlo con claridad en un medio de comunicación ni ser un entrenador con capacidad para conducir y convencer a treinta futbolistas ni mucho menos llevar las riendas de una institución.

La pasión confunde a las masas por su raíz emocional y no racional. El problema es cuando se confunde el protagonista que busca serlo desde un lugar diverso al que lo fue siendo el mismo de aquel entonces.

El reconocimiento suele abrir puertas. Muchas. Una ferretería, un comedor, una casa de indumentaria deportiva o cualquier tipo de negocio, genera expectativa cuando se sabe que pertenece a un futbolista que ha dejado la actividad. El problema es que si dicho defensor, mediocampista o delantero discontinuado  no conoce de herramientas, de comidas o de ropa probablemente logre que la expectativa se choque de frente con el servicio ineficaz que se ofrece y, en consecuencia, que el negocio no funcione correctamente. Es decir, que la expectativa se esfume cuando la gente perciba que el afamado se ha quedado descandando plácidamente sobre sus laureles sin evolucionar.

Aquí juega la dinámica que mencionamos al principio. Las  generaciones nuevas no piensan como nosotros hace veinte años. Sí, veinte, no cincuenta. Ni las relaciones personales ni el rol de las autoridades siguen detenidas en las formas de un par de décadas atrás. Adaptarse es necesario para reencontrarse. Y prepararse es vital para no desvanecerse en la vida como suele desvanecerse la gloria deportiva con el paso del tiempo.

La soberbia es mala consejera, probablemente la peor porque suele mezclarse con la autoestima positiva para distorsionar la idea de personalidad segura. No se puede vivir aferrado a lo que fueron tiempos pasados. Si se puede, en cambio, transformar la experiencia conectándola con lo actual y capacitándose cada quien para vivir de aquí en más y no de aquí hacia atrás.

Por citar el ámbito deportivo, no se dirige ni se conduce con la figurita amarilla de un albúm ni tampoco con un video pixelado en alguna plataforma digital. La vida está enfrente, no detrás. Y al mundo del fútbol le vienen muy bien los futbolistas del ayer adaptados a la realidad actual. Son extremadamente necesarios si están adaptados al hoy.

La experiencia no se compra, pero no alcanza solo con ella porque la dinámica de la vida es similar, en algún punto, a la del juego: quien se queda quieto, por más bueno que sea, pierde.

Prepararse, en definitiva. Esa es la clave.

Para combatir la dinámica de lo impensado que ofrece el día a día con la dinámica de lo pensado que solo ofrece la preparación que al igual que los dibujos tácticos tiene mil variantes para adaptarse al día después y no terminar, como en muchos casos, perdiendo por goleada.