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El árbol y el bosque

La opinión de César Carignano sobre la actualidad futbolística de Unión luego del triunfo del gran triunfo en Bolivia

13 de abril de 2022


El misterio se ha vuelto un elemento habitual a la hora de presentar una formación. Los entrenadores esconden sus cartas hasta último momento lo cual nunca genera sorpresas en la dimensión de las expectativas creadas en torno a ese silencio. Esa es una lectura. La otra es posterior, ya conociendo los nombres. No creo justo arrogarme, desde este lugar, el derecho a juzgar si es correcta o no la decisión. Entrenar, entrenan ellos y no yo. De allí el respeto.

Por el contrario, el ejercicio que suelo hacer es esperar. Esperar que los minutos corran, que los futbolistas se desenvuelvan y que los equipos muestren sus intenciones. Voy al todo, al colectivo, más allá de los nombres. Es un ejercicio, reitero, muy personal.

Desde esa perspectiva, el análisis apunta más a lo grupal, que a lo individual. Y desde esa misma perspectiva debo decir que lo de Unión anoche en Bolivia, ante Oriente Petrolero fue interesantísimo. No tanto por la rotación, porque uno desconoce el día a día y la proyección a mediano plazo de Munúa y los suyos, sino más bien por la sintonía de quienes jugaron.

Esta claro que cuando se ingresa en el laberinto de las rotaciones se pierden o se discontinúan las pequeñas sociedades que aportan un valor agregado distintivo en los equipos, por eso las consideraciones deben centrarse en lo colectivo. Se deben medir las intenciones más que las ejecuciones para comprender si la idea está internalizada por todos o solo por los que más juegan.

Y en ese terreno de conclusiones, la puesta en escena del Tate en Santa Cruz de la Sierra debe dejar tranquilo al Pueblo Tatengue: las intenciones y las formas son propiedad de todos. Basta un ejemplo para ello: la voluntad y los movimientos de Peñailillo. El chileno es la última opción de las habituales por el sector izquierdo pero se asoció a Corvalán con las ganas de quien se sabe titular aun ingresando un puñado de minutos cerca del cierre.

Unión fue con más criterio por el lado de Esquivel que por el de Blasi, por izquierda más que por derecha cuando habitualmente ocurre lo contrario, pero la escena fue un espejo y las combinaciones del interesante lateral izquierdo con Zenón fueron fluidas, como así también las diagonales de Machuca, los desprendimientos de Bucca para acompañar al incansable Peralta Bauer, el despliegue de Roldán hacia adelante y la actitud de todos al momento de volver.

No es casual los pocos goles que concede este equipo, el retroceso es la clave de la competitividad del Rojiblanco. Por momentos planta dos líneas de cuatro, por momentos son cinco los de la última línea, pero nunca son pocos en el regreso. O casi nunca. Esa es una señal de identidad. Tanto como la mecanización de movimientos para desdoblar al rival por afuera con diagonales del extremo opuesto y con un volante central soltándose para crear juego. Eso intenta Unión, salga o no salga. Gane o no lo gane. Y allí está el enorme mérito del entrenador uruguayo y de quienes pensaron en él, empezando por Roberto Battión.

Comienza a tener identidad el Tate pero cuidado. Con la identidad no se gana cada partido. Con la identidad se logra lo que ha logrado este equipo en la mayoría de los juegos: ser competitivo. Ese es el alto piso de este grupo de pibes apuntalados por un puñado de experimentados.

Competir de igual a igual con cinco, seis y hasta siete futbolistas de la cantera genera identidad y pertenencia. Estos jóvenes comenzaron a crecer con Azconzábal y no han dejado de hacerlo con Munúa. Son presente, serán futuro y permitirá, si el proceso no se detiene, capitalizar al club para cambiar definitivamente el paradigma económico del fútbol unionista.

Todo, si se sostiene la paciencia y la coherencia de entender que podrán llegar situaciones incómodas. Aparecen partidos difíciles en el plano local y clasificar a playoff no será fácil ni un fracaso no conseguirla. La opción de quedar fuera de la próxima fase de la Copa por el ingrato sistema de clasificación es real.

Soñar y creer es necesario, entender que los obstáculos no tienen porqué resentir la proyección de este proceso, también lo es.

En la tabla de los promedios se puede ver en perspectiva la evolución, en números, de un plantel que es grupo más que equipo, en los últimos largos meses. Ahí está la realidad. Y en la cancha, por entrega, por juego y por pertenencia, están las fundadas ilusiones.

Aquí no corre aquello de que el árbol no tape el bosque, porque el bosque es primero.

Aquí importan, en definitiva, ambos: el árbol y el bosque.